El primer libro escrito por un autor latinoamericano sobre la tragedia del Titanic fue presentado por Guadalupe Loaeza en la “II Feria UANLeer”, donde también se recordó al único mexicano que viajaba en ese buque. “Fueron seis meses de investigación muy apasionante para escribir este libro. Hay demasiadas referencias escritas sobre el Titanic, pero descubrí que nada hecho por algún autor hispano”, dijo la escritora y periodista. Recordó que en el Titanic viajaban ocho pasajeros latinoamericanos, de los cuales sólo uno era mexicano. Se trataba del diputado federal sonorense Manuel Uruchurtu Ramírez, quien perdió la vida y nunca recuperaron su cadáver. Loaeza dijo que durante un tiempo postergó la realización de este libro, pero siempre fue animada por un descendiente de Uruchurto, quien hizo amistad con ella. Debido a la conmemoración del centenario del hundimiento del trasatlántico, ella se apuró a terminar la investigación y esta primavera salió a la venta bajo el sello editorial de Aguilar. De esa forma, ella trató de sacar del anonimato a el único compatriota que fue víctima de esa tragedia y que cedió su lugar en el bote salvavidas a una mujer y su supuesto hijo, por lo que tituló el libro como “El Caballero del Titanic”. Narra que Uruchurtu estaba por abordar una lancha salvavidas cuando Elizabeth Rammell Nye, con un niño en brazos, le suplicó que le diera su lugar, pues su marido la esperaba a ella y a su hijo en Nueva York. Tiempo después se descubrió que el pasajero mexicano había sido engañado, pues la mujer a la que cedió su lugar no tenía hijos y había usado a un niño ajeno como anzuelo. “En México la noticia llegó muy tarde, pues los periódicos se concentraban en las notas nacionales debido a los acontecimientos de la Revolución”, agregó Loaeza. Explicó que el libro trata de rescatar la memoria de este mexicano, pero también de hacer un retrato de lo que sucedía en México y en el mundo cuando sucedió una de las tragedias más conmovedoras de la historia. La escritora lo mismo trata sobre temas navales, que sobre política, costumbres de la época, la gran proeza humana de la construcción del lujoso Titanic y la tragedia humana en que se convirtió. “Se decía que el Titanic era tan perfecto que ni Dios lo podría hundir, pero a los cuatro días el mundo entero supo que la soberbia y ambición humana también pueden ser destructibles”, comentó. Loaeza asegura que le fue muy interesante investigar sobre los acontecimientos posteriores al hundimiento del Titanic, principalmente los esfuerzos por rescatar a las víctimas y los juicios donde se trató de deslindar responsabilidades. También descubrió que los pasajeros de segunda y tercera categoría no eran tratados con discriminación como nos han hecho entender, pues recibían excelentes alimentos en vajillas muy bonitas.
Mexicano con mala suerte
Una jugada del destino fue la que llevó a Uruchurtu embarcarse en el Titanic, pues un amigo mexicano en Europa le cambió el boleto con la intención de que fuera él quien disfrutara del viaje inaugural. “De hecho él mandó una postal a su madre diciéndole que al llegar ‘le contaría todo’, y a su esposa le mandó decir que le enviara la respuesta de su carta a Nueva York. Incluso se sabe que llevaba regalos para sus hijos”, dijo la escritora. En su afán por saber más acerca de la personalidad del diplomático de 38 años, Loaeza llevó sus cartas con una grafóloga, quien le dijo ver a un hombre muy sensible, soñador y quizá muy apegado a su madre. “Se trataba de un caballero todavía muy del siglo XIX, muy educado, muy detallista y con una mirada melancólica, según se puede observar en las fotografías que quedaron de él”, añadió. Loaeza comentó que es una historia donde hay muchos héroes y muchos villanos, pero principalmente una tragedia que marcó a la humanidad vista desde un personaje mexicano y su momento histórico. “Espero que un día se convierta en un libro de consulta, pues en México nadie había hablado de un compatriota en la tragedia del Titanic”, concluyó.
(Por Luis Barrera López)







