Hijos y sus amigos imaginarios

2016-06-14

Dentro de la etapa evolutiva normal de los niños, entre los dos y tres años, se inicia un fenómeno cuanto menos curioso, que a veces puede llegar a crear una preocupación a los padres: en estas edades tempranas, y ya cuando se tienen las bases lingüísticas desarrolladas, surge lo que se denomina el amigo imaginario, el cual le va a acompañar durante varios años antes de desaparecer.

Estos amigos imaginarios suelen ser seres en algunos casos idealizados, superhéroes, hadas o duendes, que han visto en la televisión o que han escuchado de algún cuento, o simplemente amiguitos invisibles con los que comparten sus juegos, haciéndoles partícipes de sus actividades lúdicas, e incluso hablándoles; aunque a pesar de las vivencias compartidas, los niños entienden que su amigo no es real.

Pueden ser totalmente irreales, o estar identificados con algún objeto, por ejemplo un peluche o una muñeca, con el que habla y comparte juegos, el cual tiene su propia personalidad y forma de actuar, distinta del pequeño, por lo que no siempre estarán de acuerdo, de ahí la riqueza para la interacción social, al tener que explicar, negociar y conversar con el amigo imaginario.

Aunque no existe un patrón en el que aparezcan estos amigos imaginarios, si son más probables que se den en hijos únicos o en el primero de los hermanos, como una forma de llenar ese vacío social en los juegos. Igualmente, la presencia de estos amigos imaginarios ha sido asociada a cierto grado de sensibilidad por parte del pequeño, siendo éstos más creativos y artísticos de adultos.

Función del amigo imaginario

El que tu hijo tenga un amigo imaginario o invisible es parte de un proceso natural del pequeño, donde se adentra en su propia fantasía, nutrido por sus experiencias y vivencias, idealizadas e inventadas, creándose en muchos casos un mundo imaginario en el que jugar, sin mayor pretensión que la de dejarse llevar por su imaginación, donde todo es posible, no hay reglas ni límites, alimentando su entretenimiento.

Algunos autores afirman que estos amigos imaginarios cumplen una función de protección para el pequeño, en el sentido de que le proporcionan compañía e interacción, pero también les sirve para liberarse de las tensiones de su día a día, ya sea del centro educativo o de la casa, sirviendo en algunos casos de refugio cuando el mundo de los adultos les resulta demasiado estresante e incomprensible.

La aparición del fenómeno del amigo imaginario se puede presentar a cualquier edad, pero es más frecuente que se dé entre los dos y los tres años, y que se mantenga hasta los siete años (en el 70% de los niños que los tienen), para ir reduciéndose hasta desaparecer entre los siete y los 13 años (30% de los niños), existiendo un mínimo porcentaje de casos que mantienen esos amigos imaginarios incluso en la edad adulta.

También pueden darse casos tardíos, donde surja el amigo imaginario en la pre-adolescencia, cuando el joven se ve con dificultades para afrontar la nueva realidad de su cuerpo y del cambio de ambiente que suele suponer pasar del colegio al instituto o de éste a la universidad, un caso especial, asociado por tanto a altos niveles de estrés social, que se ve incapaz de superar y afrontar por sí mismo.

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