Con final feliz

Jennifer Del Río


Responsabilidad social

2016-05-06

Cuando escuchamos este término, por lo regular se nos viene a la mente la responsabilidad que una empresa tiene con el entorno, pero en esta ocasión, hablamos de la responsabilidad que se tiene como ser humano. La verdad es que este hábito, por justicia con la sociedad en que vivimos,  lo debemos de tener todos ya que nuestro comportamiento es contagioso. Sea bueno o sea malo.

Muchos de nosotros no estamos conscientes del impacto que nuestras acciones diarias tienen en la sociedad en la que nos desarrollamos. Está bien definido por la psicología actual que tenemos conductas  que son parte de nuestra personalidad, pero hay otras más que son aprendidas. Como cuando escuchamos “lo que hace el padre lo hace el niño”, pues en la sociedad sucede exactamente lo mismo. El ser humano es por naturaleza influenciable.

HACER CONCIENCIA

Lo peligroso de esto, es que regularmente el individuo no se detiene a pensar y hacer conciencia de que tan útil o qué tan perjudicial es el aprendizaje que se está captando, sólo va directo al subconsciente y listo, al día siguiente ya estamos llevando a cabo una conducta distinta. 

Si en los adultos, hacer consciencia es tarea difícil, ¡no pensemos en cómo es para los niños y los jóvenes! Ellos por lo general sólo actúan como ven a los demás.

Para dar un buen ejemplo a nuestra sociedad, incluyendo la niñez y la adolescencia (empezando por nuestros hijos) es necesario y obligatorio tener un comportamiento integro. Y con esto no nos referimos a darse golpes de pecho, montar una obra de castidad o  jugar a la familia perfecta; no es por ahí. Se trata de  verdaderamente vivir desde el fondo una vida con valores, en la cual se practique la paz, la amabilidad, el agradecimiento, la disciplina, la vida en familia, el respeto y el desarrollo espiritual, por mencionar sólo unos pocos, porque la lista sigue y sigue.

TODOS SOMOS VALIOSOS

Hagamos a un lado los malos ejemplos de personas banalesa nuestro alrededor, que buscan llenar sus huecos emocionales con cosas superficiales: poder, materialismo y comportamiento nocivo para la sociedad. Una  conducta dañina sólo incita a los demás a competir entre ellos y minimizarse, quebrantándoles la paz interna, haciéndolos sentir menos valiosos o menos bellos. 

Entre estos malos ejemplos incluyamos también el contenido vacío de los programas de televisión y la pésima música contaminante de hoy en día, que tanto está influyendo en nuestra juventud.

El reto de esto es, como se mencionaba, hacerlo desde el corazón, desde lo profundo, formarlo sabiendo que es la mejor forma de vivir y dar un buen ejemplo a nuestros hijos y entorno. 

Alejémonos de los ejemplos superficiales y, mucho menos lo imitemos. 

Escojamos un buen modelo de comportamiento a seguir y el resultado será una vida con más calidad. Recordemos: todos somos bellos y valiosos. Todos somos diferentes y todos somos importantes.


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