Charlas de Guadalupe Loaeza

Guadalupe Loaeza


Sylvia Plath

2016-06-02

¿Cuáles eran las grandes alegrías de la poeta estadounidense SylviaPlath, quien se quitó la vida a los 31 años, en 1963? Se dice que eran tres: el mar, que le leyeran en voz alta y que le prestaran atención. Asimismo, era una joven muy conversadora aunque algo indiscreta: le fascinaba contar todo lo que platicaba con su psiquiatra y hasta qué medicinas le recetaba. De entre todas las escritoras de su tiempo, creo que muy pocas disfrutaban ser tratadas como minusválidas.

Hace unos días recordé a esta maravillosa escritora por un artículo publicado en El País, en él la periodista TereixaConstenla recuerda a varias escritoras eclipsadas por sus esposos. Naturalmente, Sylvia Plath es uno de los casos más conocidos. Ella era la esposa del poeta Ted Hughes, de quien estaba perdidamente enamorada. Aunque era una escritora fuera de serie, prefería ocupar su tiempo pasando a máquina los poemas de su esposo. Nada le preocupaba más que estar al cuidado de Ted. Como dice la escritora Laura Freixas en el mismo artículo: "Sylvia es la que limpia la casa, la que ejerce de secretaria de su marido. Y lo hace por miedo a perderlo, porque piensa que si no lo hace, él encontrará a alguien que sí lo hará".

Ted fue el amor de su corta vida; con él vivió seis años, de 1956 a 1962. Los dos eran guapísimos, inteligentísimos y simpatiquísimos. Para ella, Ted era ideal; era el mejor poeta, el mejor padre y el más sensible. Cuando se casaron, se fueron a vivir a Estados Unidos, pero poco después decidieron volver a Inglaterra, en donde nació su hija, Frieda.

LA DESPEDIDA

Quizá Sylvia sabía que no viviría muchos años y, por esa razón, escribía tanto (de dos a tres poemas al día) y llevaba con minuciosidad un diario íntimo. Tal vez esperaba algún día cumplir una de sus grandes obsesiones: quitarse la vida, lo cual lograría la mañana del 11 de febrero de 1963, cuando se asfixió con gas. Ese día entró al cuarto de sus dos hijos (de 3 y de un año), les dejó un vaso de leche a cada uno, se despidió de ellos y bajó a la cocina. 

Sylvia ya había intentado suicidarse. No obstante, era al mismo tiempo una joven con una sonrisa tan maravillosa que seguramente nadie sospechaba sus tragedias interiores. Cuando tuvo un segundo intento de suicidio, fue tratada con electro- shocks y todavía tuvo fuerzas para vivir más años. 

Frieda iba creciendo, tenía 2 años cuando llegó el segundo hijo, Nicholas. Algo me dice que Sylvia estaba feliz. Tal vez sus temporadas en el psiquiátrico eran cosa del pasado, lo que importaba eran sus dos hijos y la carrera de Ted. Lo que no se imaginaba era que, mientras estaba embarazada, mientras cuidaba a sus dos hijos, Ted tenía un romance con una poeta amiga del matrimonio, Assia Guttman.

Cuando se enteró de la traición de su esposo, lo echó de la casa y ella tomó a sus dos hijos y se los llevó para Inglaterra. Nunca como entonces se sintió tan frágil y desolada. 

Nunca sabremos cómo pasó Sylvia sus últimos años porque Ted, que fue el heredero universal de su obra, quemó el último tomo de su diario personal: "No quería que mis hijos lo leyeran", confesó.

No cabe duda que en la vida de estos dos poetas hubo mucha mala suerte. Además del suicidio de Sylvia, Assia se suicidó pocos años después. También Nicholas, el hijo más pequeño del matrimonio se suicidó a los 47 años, en 2009. En el caso de Sylvia Plath, había mucho de histrionismo en su suicidio. Le encantaba hablar todo el tiempo de ese tema. "Morir es un arte", decía con frecuencia. ¿En qué arte se habrá sentido más experta?, ¿en la poesía o en el suicidio?


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