DIARIO CON CUBREBOCAS I

2020-07-27 / CULTURA /

Por Héctor Romero Lecanda

Cierro el libro, más bien la aplicación de Kindle de la primera novela de OceanVuong: En la tierra somos fugazamente grandiosos. Es para mí también, la primera novela que termino de leer en un dispositivo electrónico. Me quedo pensativo, con un saudade en el pecho. Me voy a Instagram, busco el perfil de este joven escritor vietnamita norteamericano y al ver su imagen frágil quisiera abrazarlo. No conozco al poeta narrador que lleva el mar en su nombre. O quizá sí. A lo largo de la versión digital, fría sin ese olor, ese color y esa textura que se extraña en el papel, el niño perro se desnuda mostrando su vulnerabilidad, pero también su resiliencia.

Abrazar, ceñir o rodear algo o a alguien con los brazos, especialmente como muestra de afecto o cariño, querer abrazar a aquella persona que ni siquiera sabe que existes, pero que ha provocado algo en ti, durante cientos de páginas y horas de lectura, aparenta ser inútil, pero me es necesario.

“Un abrazo, abrazos, te mando un abrazo y te abrazo”,  han sido las palabras que más he utilizado en la despedida de un correo, en un post o felicitación de cumpleaños de Facebook, o al finalizar una reunión de Zoom o llamada por WhatsApp. Nunca he sido un apapachador en potencia, pero quizá esta ausencia de contacto físico, por la cuarentena multiplicada por tres, ha provocado milagrosamente mostrar mi naturaleza real en tiempos de Covid-19.

Es la quinta vez que pierdo a un miembro de mi familia directa. La primera, cuando falleció mi madre yo tenía 8 años. En esa ocasión, seguramente me abracé de alguien y algunos me abrazaron para protegerme. En tres de ellas, abracé a mis hermanos. En dos, también a mis sobrinos y en ésta última no abracé a nadie, sólo lo envié.

Enviar un abrazo virtual por internet o decir “cuídate, te abrazo” guardando la sana distancia es como leer en un dispositivo electrónico.

Mientras tanto, como trova Jorge Drexler:

Ya volverán los abrazos,

Los besos, dados con calma.

Si te encuentras un amigo

Salúdalo con el alma.

 

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