Mi bebé

María José Madarnás


En crisis la lactancia materna

2016-06-21

México es el segundo país del mundo con la cifra más baja de bebés alimentados con leche materna en exclusiva durante los primeros seis meses de vida del bebé. Los datos son preocupantes: sólo dos de cada diez nenes reciben esta alimentación tan importante para su desarrollo.

La OMS establece que durante los primeros seis meses de vida el pequeño debe alimentarse únicamente de leche materna, un comida perfecta para su desarrollo pues contiene todos los nutrientes que el recién nacido necesita para crecer sano y fortalecer su sistema inmunológico y gastrointestinal.

En México sin embargo, los porcentajes muestran que muy pocos niños reciben esta alimentación. La mayoría dejan de recibir la leche materna antes de los cuatro meses y en muchos casos, aunque la madre inicia la lactancia materna, la interrumpe al poco tiempo porque, a causa de una técnica inadecuada, no consigue iniciar la lactancia de forma exitosa.

Entre los motivos: Que la madre no produjo leche, que el bebé no quiso o no pudo amamantar o que surgió algún problema físico o enfermedad que impidió que la lactancia se diera de forma natural.

El desconocimiento, principal causante de la interrupción de la lactancia.

Los problemas mencionados se producen en su mayor parte por desconocimiento de la madre y del entorno familiar sobre cómo actuar para que la lactancia materna sea exitosa. 

Ese desconocimiento provoca que la mayor parte de las mujeres desista antes de tiempo de dar el pecho a su bebé por motivos que, con una asesoría adecuada, tienen solución.

En primer lugar, todas las mujeres tienen la capacidad de amamantar. Durante el embarazo el cuerpo se prepara para producir leche y para dar al recién nacido el único alimento que necesitará durante sus primeros seis meses de vida y que seguirá tomando hasta los dos años junto a otros nutrimentos o hasta que madre e hijo quieran.

En algunas ocasiones el inicio de la lactancia puede retrasarse unos días, sobre todo si se ha practicado una cesárea. Para evitar que esto ocurra, lo recomendable es que el niño sea colocado en el seno de la madre nada más nacer, para que este, de forma instintiva, busque el pecho y se sujete a él para alimentarse.

Esta práctica favorece además que el recién nacido adopte la postura adecuada para succionar el pecho de su madre sin provocarle molestias ni dolor. No sólo eso, sino que, cuantas más veces se dé el pecho al bebé, más fácil será que la madre produzca leche antes. La succión frecuente es lo único que se necesita para estimular el pecho.

En todos los casos con una buena asesoría por parte de personal capacitado, cualquier madre puede amamantar a su hijo. 

Salud para la madre y salud para el bebé

En un gesto tan sencillo como amamantar se esconden múltiples beneficios para la madre y para el bebé. Además de estrechar el vínculo afectivo entre madre e hijo, la lactancia materna ayuda a la madre a recuperarse antes del parto, a recobrar antes su peso y a prevenir molestias provocadas por la congestión del pecho al no extraer la leche, que pueden producir infecciones o inflamaciones dolorosas y muy incómodas como la mastitis.

Para el bebé todo son ventajas. No sólo tendrá una mejor salud durante sus primeros meses de vida, menos diarreas y menos problemas intestinales e infecciones, sino que en su vida adulta será menos propenso a padecer enfermedades infecciosas o padecimientos como la diabetes, desarrollándose también como un adulto más sano.



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